Esta receta es un clásico de nuestra cocina. Eso sí, asegúrate de comprar whisky de calidad antes de ponerte manos a la obra. La elaboración es muy sencilla.

Tarta casera de whisky

Necesitarás:

– Una plancha de bizcocho o 150 gramos de sobaos o de bizcochos de soletilla. A tu gusto.

– 150 gramos de leche condensada.

– Una cucharada de esencia de vainilla o una vaina de vainilla.

– 100 mililitros de agua.

– 50 gramos de azúcar.

– 60 mililitros de .whisky

– 150 gramos de queso para untar (queso crema).

– 4 yemas de huevo.

– El peso de las yemas en azúcar.

– El peso de las yemas en agua.

– Una hoja de gelatina.

– 250 mililitros de nata para montar.

– Opcionalmente, para la decoración: almendra laminada o crocanti, y nata montada.

Preparación:

En primer lugar, debemos forrar el molde que vayamos a utilizar con papel film para que resulte sencillo desmontar nuestra tarta terminada. Una vez hecho esto, cubriremos el fondo con los sobaos, bizcochos o la opción que hayamos elegido. También podrás elaborar una plancha de bizcocho casero, para la base.

Haremos un almíbar con el agua, la mitad del whisky y el azúcar. Lo mantendremos en ebullición diez minutos más o menos. A continuación lo utilizaremos para emborrachar abundantemente el almíbar.

Después debemos montar la nata en un bol. Y en un recipiente aparte mezclaremos el queso crema con la leche condensada, la vainilla y el resto del whisky. Esta mezcla la incorporaremos poco a poco sobre la nata montada con movimientos envolventes para conservar su textura.

A continuación, debemos verter la crema encima del bizcocho, tapar e introducir el molde en el congelador unas cuantas horas.

Lo siguiente será elaborar la cobertura de yema. Para lo cual debemos remojar la hoja de gelatina en una taza de agua fría. Y de nuevo, elaborar un almíbar con la misma cantidad de azúcar y agua que el peso de las yemas, llevarlo a ebullición y mantener unos minutos hasta que espese un poco.

Después añadiremos la hoja de gelatina escurrida. En otro bol aparte, batiremos la yemas de huevo, y dejaremos caer el almíbar encima en forma de hilo, batiendo enérgicamente al mismo tiempo.

Sacaremos nuestra tarta del congelador y echaremos la crema de yemas. Volveremos a cubrir con film y al congelador nuevamente.

Unos veinte minutos antes de servir debemos sacarla del congelador, desmoldar y cubrir con azúcar la parte superior para caramelizarla con un soplete de cocina. Después, podemos decorar alrededor con nata y crocanti, almendra fileteada o lo que hayamos escogido.

El resultado es increíble, se trata de un postre clásico, de moda en los años setenta, de sabor muy dulce y a la vez refrescante que nos inspira y nos recuerda los veranos en familia.

Lo cierto es que si os gusta su característico sabor, esta tarta es una opción muy interesante cuando nos toca hacer de anfitrión, para una comida o una cena, debido a que podemos tenerla preparada con anticipación. Esta versión casera hará las delicias de los comensales más exigentes.

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