Ha llegado el día. Ese maravilloso día en el que te decides a declararte a tu pareja. Te imaginas sin parar la emoción que sentirás y harás sentir a la otra persona con lo que vas a hacer y, sobre todo, si la reacción será positiva o negativa. Por eso, empiezas a preparar tu plan.

¿Cena romántica en el mejor restaurante de ciudad? Quizá demasiado obvio… ¿Y un plan de escapada rural? Podría funcionar…hasta que recuerdas que tu pareja odia la naturaleza con todas sus fuerzas. Ya está, ya lo tienes. El punto exacto donde os conocisteis. Aquel bar de la ciudad donde vuestro amigo en común os presentó y que será ahora tu aliado citando a tu pareja en ese lugar para no levantar sospecha. Sí, está decidido.

Acudirás a ese lugar, en el que tu pareja estará charlando tranquilamente con vuestro amigo sin esperarse nada de lo que está a punto de suceder. Aparecerás allí, por casualidad. Y sin mediar palabra, te imaginas sacando una preciosa caja de tu bolsillo con algo más bonito en su interior: un anillo. Pero, ¿y el anillo?

El anillo es la pieza clave

Y hay que pensárselo muy bien a la hora de escoger el perfecto. Es algo que tendrá un valor en ese momento y para siempre, que esa persona a la que tanto quieres verá a diario y se acordará de ti instantáneamente, por lo que debe de ser perfecto Te informas entre tus conocidos y todos te recomiendan encarecidamente que eches un vistazo a la colección de anillos de Destellos.es.

Y la verdad, te parecen todos preciosos. Dudas, pides ayuda… y ya está. Decidido. Lo has escogido. Esa pieza que alberga tal simbolismo ya está en tu poder.

Llega el dia D. Ese donde todo se decide. Tu amigo está compichado, sabe exactamente lo qué debe hacer y cómo hacerlo. En cuanto tu pareja se levante para ir al baño, te avisará y entrarás corriendo para cambiarle el sitio. Y allí estarás tú, con esa maravillosa pieza.

Los nervios se apoderan de ti. Pero no puedes fallar esta vez. Ni siquiera hacen falta palabras, porque posees una poderosa alianza que hablará por ti y por todo el amor que profesas por esa persona. Entras. Te tiemblan las piernas. Una palmada en la espalda de ese amigo, que se retira a otra mesa a observar lo que está a punto de suceder, también visiblemente emocionado.

Y es entonces cuando se produce la magia. Tu pareja aparece y no entiende nada. Te pregunta "¿qué haces aquí?", pero tú no contestas. Solo metes la mano en tu bolsillo para buscar ese maravilloso anillo. Y abres la caja temblando. Se echa a llorar y no puede parar. Y de repente, tú tampoco. Y brotan de tu boca esas tres palabras: "¿Quieres casarte conmigo?". La emoción invade cada poro de vuestra piel y tu pareja responde con un rotundo sí, extendiendo su mano. Y colocas ese anillo, que simboliza el comienzo de vuestra vida en común. Nunca un anillo había significado tanto.

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