Cantabria, aunque a veces se nos olvide, o lo confundamos en fotografías con Asturias o el País Vasco, existe. Y no solo existe Santander con su paseo de Pereda enfrentado al mar con sus terracitas y sus pinchos de rabas o el palacete del embarcadero. Cantabria es mucho más. Culinariamente hablando, podría decirse que los restaurantes en Cantabria están situados, tanto por género, como por producto en la mismísima cima del universo de la cocina.

Ruta de los pueblos abandonados

¿Por qué decimos esto? Sencillo, tienes en Cantabria lo mejor del mar y además tienes lo mejor de la montaña. Puedes degustar platos del tipo mar y montaña en cualquier parte de Cantabria. ¿Alguna vez pensaste en un arroz con bogavante a casi mil doscientos metros de altura? En Candenosa eso es posible puesto que se encuentra a mil ciento cincuenta metros sobre el nivel del mar. Eso sí, tendrías que llevarlo tú cocinado desde alguno de los restaurantes de las proximidades, porque ninguno de los cinco habitantes de esta población, en plenos Picos de Europa, dirige un restaurante.

Aunque todavía esta escasamente habitado, forma parte de la ruta de los pueblos abandonados. La cual tiene lugares de una belleza increíble.

Potes, gastronómicamente perfecto

Si queremos pasar un par de días en lo rural, comiendo bueno y bien, y en un lugar acogedor, sin duda Potes es una buena opción. Situada a 117 kilómetros de Santander y, en plenos Picos de Europa, está situado en un llano entre las montañas y sin duda es un lugar con mucho encanto. Capital de la comarca de Liébana, en sus restaurantes encontrarás el famoso cocido montañés; hecho con alubias, chorizo, panceta, costilla, morcilla, berzas y patatas y que no le falte su sofrito de ajito y pimentón.

Aunque nosotros te recomendamos, puestos a comer cocido, que en la capital de la comarca de Liébana, pidas un cocido de Liébana. Valdrá la pena, tenlo por seguro.

Aunque parezca mentira, puesto que, gracias a su ubicación, Potes disfruta de un microclima de monte mediterráneo, gracias al cual se pueden cultivar vides que producen un excelente vino, lo cierto es que el mar no está demasiado lejos; algo más de una hora, dos como máximo.

Lo que implica que puedes probar unas almejas frescas a la marinera viendo el paisaje de los Picos de Europa. Y por frescas me refiero a que fácilmente podían estar a las cinco de la mañana de hoy en el mar y que las estamos comiendo ahora, en la hora del almuerzo.

También podremos encontrar fácilmente unas rabas que tomarnos antes de comer, y la que gracias a su promoción continuada se ha convertido en el emblema de esta tierra; la anchoa de Santoña. Quien le iba a decir al humilde bocarte que sería el producto estrella de esta región.

En Cantabria tienes la posibilidad de comer, marisco a casi mil doscientos metros de altura, y comerte a pie de playa un cocido montañés, o de Liébana. Combinar en un solo día, turismo rural, gastronómico, de playa y de montaña. Eso pocas regiones pueden ofrecértelo.

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